DOLOR INTENSO Y PIES CAVOS

Barcelona. Suena el despertador, me levanto, una ducha, me visto y salgo a la calle para dirigirme a la estación de autobús más cercana. Sólo me separan de ella unos 300 metros.  Pero…¿qué sucede? ¿cómo puede ser que ….?, ¡me duelen mucho los pies! Llego a la parada. El autobús no aparece, hay gente sentada en el único banco donde poder esperar, el dolor me impide mantenerme quieto de pie mientras anhelo ver llegar el autobús, e inicio inquieto un baile de San Vito que me ayuda a pasar los minutos hasta que por fin subo y me siento en el autobús.

El dolor aumentó día a día hasta hacer insoportable la marcha y el permanecer de pie. Me recomendaron acudir a un centro de ergodinámica donde estudiarían mi caso. “Pies cavos”(ya lo sabía), “una pierna ligeramente más corta que la otra” (¿qué?, nunca me habían dicho esto antes), “alteración en la marcha”, …. “necesitas usar plantillas para andar”. Así lo hice durante unos años.

A los dos, con mis inseparables plantillas, anduve el Camino de Santiago, felizmente orgullecido de mi mejora “espectacular”. Pero al tiempo empezó a dolerme la zona lumbar de la espalda. Lo comenté en la revisión periódica a la que acudía en el centro de ergodinámica y después de una telemetría para valorar mi aparente dismetría en las piernas, recomendaron añadir una pequeña alza debajo de la plantilla del zapato de “mi pierna más corta”.

Los pies volvían a dolerme cada vez más, mi lumbalgia no sólo no desapareció sino que aumentó de intensidad, apareció una ciática en mi pierna izquierda y con una resonancia magnética el traumatólogo me diagnosticó una hernia discal entre las vértebras L4 y L5. Empecé a tomar medicación analgésica (antiinflamatorios, tramadol, lyrica, benzodiacepinas, ….), fui visitado por traumatología, reumatología, seguí tratamiento fisioterapéutico, osteopático, …. sin encontrar mejoría alguna. Hacía tiempo que practicaba la natación, pero cada vez podía nadar menos distancia hasta que el dolor se hacía lo suficientemente intenso como para obligarme a salir de la piscina. Yo me preguntaba: ¿cómo es posible esto si la natación va bien para la espalda? Para aquél entonces me recomendaron el uso de unos zapatos “anatómicos” todavía hoy de moda y de los que obviaré pronunciar su marca publicitaria. Compré unos para el día a día, otros para el trabajo, unas deportivas, …. Continuaba empeorando. No por casualidad, ya que ésta no existe, en una conversación entre conocidos en mi lugar de trabajo, el Hospital Comarcal de Vinaroz,
oí hablar de un método de trabajo corporal llamado Reeducación Corporal Funcional RCF® y de una Profesional del mismo, Marisa Ramón, que tenía una consulta en la misma localidad. Acudí a ella, y ahí empezó mi nueva libre andadura, no sólo en cuanto a la marcha se refiere, sino tanbién en cuanto al giro que el camino de mi vida iba a dar.

Centrándome en los pies, motivo de este artículo, pasé unos primeros meses completamente desubicado. Acudía a las sesiones de RCF® semanalmente. Las recomendaciones de Marisa eran dejar la natación, abandonar el uso de los zapatos mal llamados anatómicos, y quitarme las plantillas después de años de llevarlas. “¡Eso es imposible!”, pensé yo, que ya veía de nuevo esos 300 metros como algo insalvable y me aferraba a la idea de haber podido obtener la Compostela con ellas. Pero hasta ahora todo intento de tratamiento convencional había resultado inútil, y decidí seguir las directrices del nuevo enfoque que la Reeducación Corporal Funcional RCF® me proponía. La transición fue dura y difícil. A diario trabajaba en casa con pelotitas de corcho que ponía en la planta de mis pies siguiendo las posturas y movimientos que Marisa me recomendaba practicar entre una y otra sesión presencial en su centro. Inicialmente el dolor que provocaban esas pequeñas pelotitas era muy intenso. En su consulta, Marisa trabajaba mi cuerpo de forma global, no segmentariamente, estirando las diferentes cadenas musculares y liberando mi respiración bloqueada.

A los 3 meses y medio de empezar con el trabajo de RCF® dejé de usar plantillas definitivamente, tiré alegremente cientos de euros al deshacerme de los zapatos anti-anatómicos, y empecé a andar libre de dolor. Continúo haciéndolo hoy día.

El pie es una estructura perfecta capaz de adaptarse a cualquier tipo de terreno y no debe ser al revés, de ahí que desde la Reeducación Corporal Funcional RCF® no se contemple el uso de plantillas que más que corregir la estructura del pie lo que hace es acortar más las cadenas musculares. Los músculos del pie, también los de la espalda, forman parte de la cadena muscular posterior, una de las más acortadas del cuerpo. Con el trabajo de estiramiento de las cadenas musculares que llevé a cabo, y el trabajo específico de pies propuesto desde la RCF® mis pies cambiaron de forma. Aumenté un número la talla de los zapatos en menos de un año, mis pies se ensancharon por delante hasta el punto que ahora uso zapatos que sí respetan la forma natural del pie humano, descubrí el bienestar de llevar calcetines con dedos, y con el tiempo mis pies se readaptaron al suelo para poder andar libremente, sin dolor.

He querido contar brevemente mi historia personal como cliente de la Reeducación Corporal Funcional RCF® porque sé que tú, querido lector, seguramente te verás reflejado en parte de ella si es que sufres o has sufrido de dolor de pies y tienes los pies cavos. Quizás su contenido te ayude a ver que hay otra forma de tratar tu dolencia, de entender el por qué de tu problema, y de permitirte abordar su enfoque y tratamiento bajo un nuevo paradigma, el que la RCF® te propone. He centrado mi exposición en la parte física del problema, la quizás más conocida y entendible por tu mente en estos momentos. Desde la Reeducación Corporal Funcional RCF® sabemos que no sólo la causa de una dolencia está en lo físico, sino que contemplamos además las variables mentales, emocionales, energéticas y espirituales que hay detrás. Te invito a leer el artículo “A propósito de los pies…”,  escrito por Raúl Castellano García en esta misma web (A propósito de nuestros pies, nuestras raíces).

Recuerda, es el pie el que se adapta al suelo y no al revés. ¿Acaso la gente de la tribu africana a los que se les estudió para diseñar los zapatos “anatómicos” va calzada? En cuanto a lo de tener una pierna más corta que otra: ¿acaso midieron la longitud de los huesos de mis piernas para asegurar ese diagnóstico? Demostrado quedó en mi y en muchas de las personas a las que se les da este diagnóstico que la causa del dimorfismo, la mayoría de las veces, es un acortamiento de las cadenas musculares que provoca asimetrías corporales. Con el estiramiento de estas cadenas musculares propuesto desde la RCF® se puede corregir el problema y valorarlo objetivamente. Todo lo que sea aumentar esta asimetría, con el uso de alzas, puede empeorar la situación o trasladarla a otra parte del cuerpo, como la espalda por ejemplo.

No es mi intención convencer a nadie, sólo dar una nueva información. A quien le resuene y decida aceptarla, le deseo un libre caminar por la vida.

Gracias.

Ivan Bel Marcoval
La Senia (Tarragona-España)